La vida dentro de la comunidad

La «Comida del Señor» también está en el refectorio.

Aunque los tiempos hayan cambiado, la vida monacal sigue sin haber cambiado en los monjes. La vida en comunidad también sigue siendo una gracia, una capacidad y una labor: en la comunidad, el monje encuentra una situación concreta en la cual encuentra a Dios en cada hermano, en todo lo que sucede.

La vida en comunidad está unida siempre a una vida de oración. Por esta razón, el lugar de oración del monasterio es el lugar principal donde concretizan la comunidad los hermanos. El momento por antonomasia en que se concretiza la comunidad es la Eucaristía: la «Comida del Señor».

De hecho, los monjes también celebran en el refectorio «La Comida del Señor». Durante las comidas los hermanos forman una gran familia. La comida es austera pero nutritiva y suficientemente copiosa, respetando la palabra de San Bernardo: ¡«Cuida la salud de tu cuerpo para poder servir mejor al Señor»!

Los monjes están muy unidos con todo aquello que viven.

Durante las comidas se leen pasajes de un libro, ya que durante la comida también se alimenta el espíritu. La mayoría de las veces se trata de libros religiosos, pero también se abordan temas culturales, sociales y actuales.

A los hermanos les encanta vivir alejados del mundo, pero no por ello se dejan de interesarse por las preocupaciones y necesidades de los hombres. Rezando también viven lo que pasa en el mundo.

Los monjes están muy unidos con aquello que viven. San Benito dice que todos los objetos deben considerarse como si debieran servir para el culto, como huellas de Dios.

La palabra de Dios solamente se escucha en el silencio.

No es fácil vivir en silencio. Para ello se necesita coraje. La palabra de Dios solamente se escucha en el silencio. Aquel que vive de esta manera, se encuentra permanentemente ante él mismo. El propio Dios le enfrenta con su propia realidad.

El silencio también permite a los monjes meditar en cualquier momento y lugar. La calma que aporta una jornada estructurada contribuye a ello. Además, esta calma y tranquilidad contribuyen a una paz indispensable en la comunidad.

El camino del silencio no es un camino fácil. El Padre Abad está para ayudar a los monjes en ese camino. Aunque es hermano entre los hermanos, el Abad representa a Cristo en la comunidad.

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